Con la oración tengo una relación que no sé si se puede llamar de confianza, pero que me parece tiene algo en común con la querencia de las ranas a zambullirse en el agua.
Supongo que si una rana se echa al agua, es porque su instinto genético la lleva a fiarse de que ahí va a encontrar el elemento más adecuado para ella. Pues si la oración fuera el agua, yo sería la rana.
No sé explicarlo mejor pero confío en que el sueño, los amigos y la oración, sean ya guiños y primicias de aquello que repetía Juliana de Norwich hace 700 años: Todo acabará bien, y cualquier cosa, sea cual sea, acabará bien…
Título: El declive de la ciudadanía
Editorial: PPC
Año: 2010
Pags.:191
Es curioso, mientras en unas partes del mundo la gente se juega la vida por vestirse el traje de la democracia; en otras, se trata de un traje viejo, que ha quedado en desuso, o del que solo nos apetece ponernos una de sus prendas: la chaqueta, el pantalón o la camisa, pero nunca el traje entero.
Y es que vivir en democracia, nos recuerda Victoria Camps, no es solo reclamar y disfrutar de unos derechos [el derecho a la libertad y a unos servicios o bienestar que la sociedad y las instituciones tienen que garantizarme por el hecho de pagar impuestos] sino también tomar conciencia de unos deberes y unos valores, por los que todos debemos luchar y en los que todos debemos comprometernos. El libro es un instrumento valiosísimo para todo tipo de personas que nos movemos en el ámbito de la educación, pastoral, catequesis o evangelización, porque alumbra no pocas pistas en la difícil cuestión de cómo educar a auténticos ciudadanos que se sientan implicados en los problemas y objetivos que persigue toda sociedad democrática. Y como bien dice la autora, esta preocupación moral, es una de las cuestiones más importantes que toca a la religión.
“Desde la modernidad el individuo se define como un ser libre e independiente para escoger su vida como más le plazca, siempre que en tal elección respete y permita al mismo tiempo la libertad de los demás. Ahora bien, la condición de individuo libre no lo califica todavía como un buen ciudadano. Para serlo, conviene que haga suyos los valores y fines constitucionales y democráticos, que esté dispuesto incluso a cooperar para que esos valores y fines se mantengan […] La ciudadanía así entendida es una de las asignaturas pendientes de las democracias actuales”.
FUENTE: RIA, Red Ignaciana de Asturias.






