El antiguo alumno Javier Morán (p.1982) nos narra en La Nueva España sobre los tesoros que algunas importantes personalidades gijonesas consideraron que podría esconder el subsuelo colegial.
Pese a que un muro de silencio y la ausencia de testimonios directos rodean aquellos hechos, varias personalidades han sostenido que el «tesoro» de Jovellanos -una colección de casi 800 bocetos y dibujos de grandes pintores y de un valor incalculable- permanece enterrado en algún punto del subsuelo del Colegio de la Inmaculada, que fue durante la Guerra Civil el cuartel de Regimiento Simancas, asediado desde el 20 de julio hasta el 21 de agosto de 1936 y finalmente conquistado y destruido por los milicianos republicanos que combatieron contra las fuerzas del bando nacional sublevadas entre aquellos muros.
Si dicha suposición es cierta, podrá ser verificada en próximas fechas merced al convenio suscrito entre el Ayuntamiento de Gijón y la Inmaculada para realizar prospecciones geológicas previas a la construcción de un aparcamiento subterráneo en una zona de los patios de dicho centro educativo.
Una de las personas que sostuvieron en su día la hipótesis del enterramiento de dicho tesoro artístico fue el catedrático de Literatura, estudioso jovellanista y rector de la Universidad de Oviedo José Miguel Caso González (1928-1995). Caso llegó a escribir en una de sus obras que «no todo ardió, seamos moderadamente optimistas». Al mismo tiempo, el testimonio anónimo de un gijonés -recogido por LA NUEVA ESPAÑA en 1997- relataba que el propio Caso le había confesado haber «tenido en sus manos, en un domicilio de Gijón, documentos referidos a la colección e incluso algún boceto». Otra persona ya fallecida que incluso realizó intentos de búsqueda fue el abogado gijonés Bonifacio Lorenzo Somonte (p.1930) (1914-1997), antiguo alumno de los jesuitas en la Inmaculada y autor del libro «Disparad sobre nosotros», acerca de la historia del colegio y del célebre y trágico asedio. Lorenzo Somonte aseguraba que «los dibujos se encontraban en el cuartel en julio de 1936, en una zona considerada como abierta, sin defensores ni sacos terreros, y se asegura que los defensores retiraron los bocetos cuando un proyectil causó daños en aquella estancia, ubicada en lo que hoy es la calle de Campo Sagrado».
El abogado gijonés incluso llegó a contactar con una empresa catalana especializada en prospecciones por georradar y le envió la documentación concerniente al Simancas. Sin embargo, pese al intento de realizar una «radiografía del subsuelo», no llegó a consumarse por quedar en el aire el coste económico de la búsqueda o la voluntad de las instituciones públicas en intentar el hallazgo.
Quien sí realizó prospecciones sobre el terreno fue el jesuita José María Patac de las Traviesas (p.1928) (1911-2002). Patac, alumno y profesor de la Inmaculada y creador de la Biblioteca Asturiana, declaró en 2001, durante una entrevista con LA NUEVA ESPAÑA, que «suponemos que la colección de Jovellanos está enterrada en el jardín del colegio y se ha buscado con sistemas magnéticos, pero resultaron ineficaces porque nada de lo enterrado contiene hierro; también intervino un zahorí, pero no resultó»
En dicha entrevista, Patac explicaba que la colección se hallaba en «la antigua capilla de la congregación, en la segunda planta del edificio que había detrás de la iglesia del colegio, en la calle de Campo Sagrado». Cuando los ataques de los sitiadores arreciaron y al menos un proyectil impacto en dicho espacio, «según testimonios que pudieron recogerse, los dibujos y bocetos se sacaron de allí. A partir de ello, la suposición que manejamos es que se guardaron en cajas de municiones, estancas, y las bajaron a la parte del jardín para enterrarlas».
Patac maneja la hipótesis del jardín central del edificio porque en él «había una imagen de la Virgen de unos dos metros de altura y de mármol de Carrara, y por testimonios que tenemos, las tropas que estaban en el cuartel tenían la preocupación de que si culminaba la toma del edificio fuera profanada la imagen».
El jesuita había recogido el testimonio de «un antiguo alumno del colegio que decía que habían quitado la Virgen y la habían llevado al sótano, al lugar donde se encontraban las duchas de los internos».
El padre Patac realizó varias búsquedas a lo largo de su vida, por ejemplo, «con una pala excavadora que realizó varias prospecciones en los patios del colegio, no en el jardín». Pero también en ese espacio interior «se utilizaron sistemas magnéticos junto a la actual estatua de la Virgen, pero resultaron ineficaces, porque lo enterrado no contiene hierro y, en todo caso, las cajas de munición están recubiertas por dentro con cinc».
Otro jesuita, el padre José María Pilón, experto en desmitificar sucesos paranormales y a la vez conocedor de técnicas de búsqueda de objetos perdidos, colaboró con Patac en determinado momento. Actuó como «un zahorí, mediante un péndulo, y realizamos una excavación a cinco metros de profundidad, hasta llegar a un suelo que se veía que no había sido alterado. Entonces mandé parar y lo dejamos», explicaba Patac.
El jesuita murió con cierto escepticismo acerca de poder hallar algún día el tesoro de Jovellanos, pero mantuvo hasta el final una leve esperanza, que transmitió a la entonces alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, quien en 2003 declaró que «todavía tenemos la esperanza de que los bocetos aparezcan». En tal caso, Rafael, Miguel Ángel, Durero, Zurbarán, Velázquez, El Greco, Rembrandt, Carreño Miranda, Goya, Pereda, Vassari, Caravaggio, Herrera «El Viejo» o Murillo podrían permanecer todavía silenciosos a la espera de una exploración más exhaustiva.
Enlace: http://www.lne.es/gijon/2013/01/02/tesoro-simancas/1348479.html






