A pesar del frío y la lluvia, entre los muros del colegio de la Inmaculada, decenas de niños juegan al fútbol, con la ilusión de vestir algún día la camiseta del Sporting. Hace no mucho, era Pablo Pérez el que tenía ese sueño, ahora hecho realidad. Hoy juega en el filial rojiblanco y ya está dando que hablar entre los aficionados. GijónSport ha vuelto con Pablo Pérez al ‘cole’, donde ya se está gestando una peña con su nombre.
Cómo han cambiado las cosas desde tu debut el pasado mes de abril en Cuenca, ¿no?
Sí. El debut me lo tomé como un premio, fue muy especial, porque además no sabía si iban a contar conmigo esta temporada. Después, me llevé una gran alegría cuando supe que iba a jugar el filial y no esperaba estar jugando tanto.
Estoy muy contento por cómo me están saliendo las cosas.
La gente que sube a Mareo habitualmente está enamorada de tu fútbol…
(Risas) No sé si están enamorados… Yo juego como siempre… Lo único que hago es trabajar muchísimo y si un día te sale un mal partido, poder decir que lo diste todo y que nadie te lo pueda recriminar.
Pero algo tendrás… ¿Cómo te defines como futbolista?
Soy un jugador con calidad como muchos otros, con visión de juego y que, muchas veces, sé estar en el sitio adecuado.
Quizá por eso te has destapado como goleador en las últimas semanas…
Siempre tuve gol; el año pasado, en el División de Honor fui el tercer máximo goleador por detrás de Álex García y Álvaro Bustos. Pero bueno, llevar 5 a estas alturas de la temporada en Segunda B no está nada mal…
Los primeros goles y las primeras patadas a un balón las diste en la Inmaculada…
Bueno, mis padres me dicen que en cuanto me puse de pie, con los primeros pasos, ya estaba con la pelota. Cuando empecé el colegio, mi madre me decía que probase todos los deportes y yo, casi llorando, le dije que sólo iba a jugar al fútbol. Lo tenía muy claro desde pequeño.
¿Hasta cuándo jugaste en la Inmaculada?
Hasta el primer año de juvenil. La verdad es que hicimos un mal año, en Liga Nacional, quedamos últimos con 11 puntos y descendimos, pero alguien del Sporting se fijó en mí, me llamaron y ni me lo pensé.
¿Cómo fue tu llegada al Sporting?
En Mareo me seguían desde que era pequeño; pero una temporada dejé de destacar porque mis compañeros desarrollaron antes que yo. Pero hace dos años y medio me llamaron. Tuve opción de ir a varios equipos de División de
Honor, pero preferí el Sporting de Liga Nacional. Y creo que acerté.
¿Fue un sueño hecho realidad?
Cualquier niño de Gijón, que es del Sporting y que va desde pequeño al campo, sueña y tiene la ilusión de jugar en el Sporting y debutar en El Molinón.
Y en La Inmaculada se está formando tu propia peña sportinguista…
Es cosa de mi tío, que es muy forofo del Sporting. Llevaba años con la idea, incluso lo había pensado cuando yo todavía jugaba en el colegio pero, cuando fiché por el Sporting, aprovechó la ocasión y le puso mi nombre.
¿Y cómo lo llevas? No todos los jugadores del Sporting tienen una peña con su nombre…
Pues no lo voy contando por ahí porque me da un poco de vergüenza… Pero son mi familia y mis amigos y me hace mucha ilusión que me apoyen.
¿Cómo van los estudios lejos de la Inmaculada?
Estoy estudiando ingeniería mecánica y es complicado. Hay veces que tengo que perder clase y al día siguiente me entero de poco. El curso pasado me salió bastante bien, pero éste… Me está costando un poco más. Hay que saber compaginarlo y tomárselo con calma.
¿Cómo es tu día a día?
Ocupado. Me levanto a las ocho y media de la mañana aproximadamente; voy a Mareo a entrenar; vuelvo a casa a la una de la tarde, como a la una y media; y después, clase de dos y media a nueve de la noche. A veces tengo horas libres, pero las aprovecho para estudiar.
Y volviendo a lo deportivo, ¿qué objetivo te marcas ahora?
En lo colectivo, sumar el mayor número de puntos cuanto antes para conseguir la permanencia y tener un final de temporada tranquilo. Y en lo personal, seguir creciendo en el Sporting B.






