• Los donantes disminuyen o incumplen los compromisos adquiridos para la financiación de los medicamentos.
• La crisis financiera mundial y también la voluntad política y el cansancio del tema, causas del escaso interés internacional.
Con motivo del Día Mundial del SIDA, la RED Jesuita Africana contra el SIDA (AJAN) lanza un mensaje donde muestra su preocupación por la “menguante participación internacional en la lucha contra la pandemia, que se refleja en la grave escasez de financiación para el Tratamiento Antirretroviral para salvar vidas”.
Y es que, según este jesuita, “durante el año pasado, los informes emitidos por los organismos involucrados han pintado un panorama sombrío según el cual los donantes incumplen los compromisos adquiridos y los principales organismos de financiación ven sus fondos estancados o a la baja”, y así este déficit de financiación “pone en peligro el considerable –aunque insuficiente– progreso realizado hasta ahora, en la extensión del tratamiento en los países en desarrollo”.
Asimismo, AJAN (African Jesuit AIDS Networld-Red Jesuita Africana contra el Sida, www.jesuitaids.net) denuncia que “ha sentido desde siempre que el SIDA no puede ser percibido simplemente como una emergencia más”. Y manifiesta la apuesta por su enfoque de trabajo, que de una manera integral abarca lo espiritual, psicosocial y material, junto a las necesidades médicas de las personas infectadas y afectadas. En una amplia gama apostólica –escuelas, parroquias, universidades, centros comunitarios, hospitales y muchos otros–, jesuitas y laicos ofrecen apoyo dedicado y atención a personas VIH y a sus familias, y se esfuerzan en encontrar medios para dar un adecuado mensaje pro-vida y de prevención.
AJAN fue creada en 2002 por los Superiores Mayores de la Compañía de Jesús en África y Madagascar (JESAM) para animar y asistir a los jesuitas a “responder al VIH/SIDA de manera efectiva, evangélica y coordinada, con la compasión, agradecimiento y confianza de Jesucristo”. Hoy, estos jesuitas y numerosos laicos trabajan en 150 proyectos relacionados con el SIDA en 22 países subsaharianos. Estos proyectos inciden en muy diferentes aspectos dada la complejidad de esta enfermedad. Así, estos proyectos proporcionan liderazgo en las comunidades, colegios y universidades, en parroquias y familias; dan apoyo integral y cuidado pastoral; educan a los huérfanos; abogan para conseguir acceso universal a los tratamientos; imparten una educación moral como base sólida de prevención; desarrollan investigación social, cultural y teológica. Y dan tratamiento, buena nutrición, ayuda pastoral y apoyo psicológico.
Texto íntegro del mensaje:
Este año, el Día Mundial del SIDA se conmemora en un escenario preocupante: el de la menguante participación internacional en la lucha contra la pandemia, que se refleja en la grave escasez de financiación para el Tratamiento Antirretroviral para salvar vidas (ART).
La Red Jesuita Africana contra el SIDA (AJAN) ha sentido desde siempre que el SIDA no puede ser percibido simplemente como una emergencia más. Pero este cambio global de enfoque no se corresponde con la realidad. La pandemia sigue extendiéndose: en 2008, 1,9 millones de personas se infectaron en el África subsahariana y 1,4 millones de personas murieron de complicaciones relacionadas con el SIDA.
La mayoría de los países dependen de fuentes externas para cubrir sus costes de tratamiento. Durante el año pasado, los informes emitidos por los organismos involucrados han pintado un panorama sombrío según los donantes incumplen los compromisos adquiridos y los principales organismos de financiación ven sus fondos estancados o a la baja. El déficit de financiación pone en peligro el considerable -aunque insuficiente- progreso realizados hasta ahora en la extensión del tratamiento en los países en desarrollo, donde a los nuevos pacientes ya se les expulsa de las clínicas. Hay desabastecimiento, grave escasez de medicamentos, debido a la gestión ineficiente y a la falta de fondos. El culpable obvio de la caída del apoyo de los donantes es la crisis financiera mundial. Pero la voluntad política y el cansancio del tema también juegan un papel.
Vamos a aprovechar la oportunidad ofrecida por el Día Mundial del SIDA para reflexionar sobre la escalofriante realidad de la pandemia y nuestra respuesta. Nosotros, la Compañía de Jesús en el África subsahariana, ¿estamos tentados de seguir las tendencias, de dejar de ver el SIDA como una prioridad, o se nos urge a redoblar nuestros esfuerzos para detener la propagación de la pandemia y apoyar a los afectados? ¿No seguiremos las palabras sabias de nuestros antepasados africanos “Ktondoko kyaava mbisa duhu kikakta», que significa «Cuando los recursos son limitados los más débiles entre nosotros se llevan la mejor parte»?
El nuestro está lejos de ser un enfoque exclusivamente médico y, de hecho, pocos de nosotros estamos comprometidos en los ministerios que proporcionan directamente el tratamiento. AJAN, que fue creado por los jesuitas Superiores Mayores de África y Madagascar (JESAM) para coordinar su lucha regional contra el SIDA, siempre ha favorecido una forma integral de trabajo que abarca lo espiritual, psicosocial y material, y las necesidades médicas de las personas infectadas y afectadas. Sabemos muy bien que necesitan mucho más que medicina para sobrevivir. Pero también sabemos que sin estos medicamentos (ART) pocos de ellos sobrevivirán.
En una amplia gama apostólica –escuelas, parroquias y universidades, centros comunitarios, hospitales, y muchos otros- jesuitas y laicos ofrecen apoyo dedicado y atención a personas con VIH y sus familias, y se esfuerzan en encontrar medios para dar un adecuado mensaje pro-vida y de prevención. La investigación y la reflexión teológica ofrecen información y puntos de vista que posibilitan que este ministerio personal que da vida se lleve a cabo con más eficacia aún.
Además de elogiar la validez absoluta de este enfoque, también es imprescindible, en esta etapa, prestar nuestra voz a los que expresaron su creciente preocupación por el escaso interés internacional en el SIDA. Una financiación inestable o estancada podría poner la oferta y la escala de la terapia antirretroviral en peligro, con impensables consecuencias fatales, incluso un retorno a los días en que el SIDA era una sentencia de muerte.
Varios jesuitas ya abogan para que aquellos a quienes sirven puedan tener garantizado el acceso al tratamiento. Basándose en esta experiencia a nivel local, nacional y continental, es el momento de reflexionar y seguir una línea de acción, coordinada por AJAN, para abogar por una financiación sostenida y sostenible para el tratamiento de todos aquellos cuya necesidad es mayor.
En un momento en que la lucha contra el SIDA y la vida misma de las personas con el VIH y el SIDA están amenazadas por la peligrosa disminución del interés internacional, la Compañía de Jesús en el África subsahariana reitera su compromiso de apoyar a las personas necesitadas cuando sufren los estragos del SIDA. Nos gustaría hacernos eco de las palabras de consuelo del Evangelio de Marcos, «Jesús se compadeció y extendió la mano y lo tocó. ‘Lo quiero, queda curado’», contestó. «Mc 1, 40 a 41.
Fratern Masawe, SJ





