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«Mi primer equipo fue el del colegio Inmaculada, en sala, con Isidro de entrenador»
Esta Noticia fue editada el: 19-02-2018

Eloy Olaya (p.1982) repasa una vida dedicada al fútbol

 (La Nueva España)   

 Eloy Olaya | Exfutbolista del Sporting

"Mi padre sólo me dio dos consejos: humildad y goles"

"Aprendí mucho cuando coincidí con Quini: a rematar de cabeza, de volea, a medir, a calcular"

Mario D. Braña - El 28 de noviembre de 1979, Eloy Olaya se convirtió en el debutante más joven de la historia del Sporting, con 15 años y 148 días. Fue titular junto a jugadores consagrados, en la época de oro del club, y su carta de presentación fue el primer gol frente al Turón en el Hermanos Antuña, el primero de una larga lista en su carrera profesional. Pasó por el Valencia, regresó como futbolista ya consagrado y afrontó desde la secretaría técnica una etapa crítica, que él ayudó a salvar con la elección de Marcelino García como entrenador. Su currículo se completa con el paso fugaz por banquillos de las categorías inferiores y ahora mata el gusanillo como comentarista radiofónico.

Plaza y playa

"Soy del barrio de Capua y pegué mis primeras patadas al balón en la plazuela de San Agustín. Ahora sería imposible porque cambió mucho. Jugábamos mezclados con gente mayor, como Juan Maribona. También hacíamos partidos en la playa de San Lorenzo".

"Mi padre, Diego, había jugado al fútbol en el Aboño, en Regionales. Desde muy pequeño me llevaba a El Molinón. No era socio, pero entraba sin pagar porque me llevaba en el cuello. El primer recuerdo es el del ascenso a Primera de 1970. Tengo una foto de ese día con mi padre en la grada del Piles. Llegábamos pronto y me sentaba en una barandilla. También iba a ver jugar a mi hermano, que era portero en el Inmaculada, aunque me pasaba más tiempo golpeando el balón contra un muro".

Quini, ese maestro

"Me fijaba sobre todo en Quini y después intentaba imitar sus movimientos, cómo se colocaba para rematar. Muchos años después, en 1984, coincidí con él cuando volvió del Barcelona. Después de los entrenamientos nos quedábamos a rematar y aprendí muchísimo: a rematar de cabeza, de volea, a medir, a calcular. El Brujo te enseñaba mucho".

"Mi primer equipo fue el del colegio Inmaculada, en sala, con Isidro de entrenador. Con 10 años ya pasábamos a campo grande".

"En mi primer año de infantil vino José Fernández, El Negro, un ojeador del Sporting muy conocido, para ficharme. Pero mi padre dijo que era muy joven y que si seguían interesados ya vería al año siguiente. En el Inmaculada destacaba jugando de interior, con Zurdi de extremo".

"En 1979 fiché por el Sporting. Fui al División de Honor porque no había cadetes. Acababa de inaugurarse Mareo. El año anterior había jugado un partido con el Inmaculada en el campo número 3, mientras se entrenaba el primer equipo del Sporting en el 2. Al acabar me hice una foto con Quini".

"El juvenil del Sporting era otro mundo. Estaba en una liga muy fuerte, con los filiales del Madrid y del Atlético. El entrenador era Javier Sanz y a veces teníamos sesiones por la mañana y por la tarde. En el Inmaculada eran dos o tres días a la semana y se trataba de jugar con cuatro conceptos. Además, en Mareo tuve a Pepe Llaneza como preparador físico".

El más joven

"Jugué de titular desde el principio, pero el debut tan rápido con el primer equipo fue por las circunstancias. Como el Sporting B también jugaba la Copa, no podían subir a ninguno. El partido fue contra el Turón y se jugó en el Hermanos Antuña de Mieres. Novoa dio descanso a algunos titulares y, además, había lesiones y sanciones. Jugué con Aguilar y Pedro en la delantera".

"Fue todo muy rápido. El día antes del partido, un martes, estaba en el colegio y me avisaron por megafonía de que me llamaban de casa. Era mi padre, para decirme que tenía que marchar a entrenar con el primer equipo a las 11 de la mañana. Salí pitando y me presenté a las diez y media en el vestuario. Me hicieron las bromas típicas, sobre todo en el rondo. Los veteranos me tiraban unas pedradas tremendas y estaba siempre en el centro. Volví a entrenar el miércoles por la mañana y Novoa ya me dijo que estuviese preparado porque iba a jugar".

"La anécdota fue que llegué tarde a la salida del autobús en El Molinón. Mi padre trabajaba y tuve que ir en la línea Pumarín-Somió. Se retrasó y llegué corriendo, un par de minutos tarde. Me dieron una ovación tremenda".

"En el Turón jugaba Mateos de portero y Lobo era el que me marcaba. Novoa le pidió a al entrenador, Pepe Noval, que no me diese patadas. La verdad es que ese día se portó bien. Pero al año siguiente, cuando fui con el filial de Tercera a Turón, antes de empezar Lobo me avisó de que aquello no iba a ser como en la Copa. No tardé en darme cuenta. Empatamos a cero y no pisamos el área. Había cocodrilos".

Estrella mediática

"El debut en la Copa tuvo muchísima repercusión. Era el debutante más joven y encima marqué un gol. Al día siguiente, en el colegio, mis compañeros lo pasaron pipa. Fueron de Televisión Española, periodistas, fotógrafos. Yo lo pasé mal, me daba corte. Me hicieron fotos en clase, en el patio del colegio. Mis amigos todavía me lo recuerdan".

"No volví a jugar con el primer equipo hasta 1982, pero me pasó el tiempo muy rápido. El juvenil no se me quedaba pequeño, ni mucho menos. En noviembre del 80, con 16 años, me llamó Viesca para el B y ya me quedé. Pío, el entrenador del juvenil, me había puesto en el centro del campo y Novoa, que era el director deportivo, le dijo que tenía que jugar arriba porque iba a ser delantero del primer equipo".

"Con el filial debuté en el campo número 1, en aquella Tercera con equipos cántabros. Fue contra el Rayo Cantabria, ganamos 3-0 y metí un gol. Volví con los juveniles al final de temporada para jugar la fase nacional".

"En el juvenil me pagaban 5.000 pesetas y en el filial 25.000, más primas. Mi primer contrato con el primer equipo fue de millón y medio, todavía debo de tener el papel por casa".

"Mi madre, Rafaela, iba a ver los partidos. Sufría porque estaba más pendiente de lo que decía la gente que del juego. Mi padre estaba más encima, me aconsejaba. Siempre tenía en la boca la palabra humildad. Y gol. Me insistía en que tenía que marcar muchos goles".

"En 1982 llega Boskov y subimos muchos del filial al primer equipo. Al principio de temporada entrenábamos con el primer equipo y jugábamos con el B, que iba mal. Boskov nos dijo que teníamos que demostrar que merecíamos subir, que teníamos que ser un referente en el filial. En noviembre nos convocaron a Tino y a mi para un partido contra Osasuna en El Molinón. Salí tres minutos, algo testimonial, para perder tiempo. No volví hasta febrero, para un viaje a Madrid, al Santiago Bernabéu. Entré por Ciriaco, que se lesionó, a la media hora. Cuando salí a calentar, en un campo tan grande, con tanta gente, estaba un poco asustado. No me acuerdo cómo estuve. Sólo que tuvimos muy pocas opciones y nos ganaron bien".

"Tengo más recuerdos del partido siguiente, el de mi debut como titular en Liga. Era contra el Barcelona, televisado, cuando sólo se televisba uno de cada jornada. Empatamos a cero y fallé un gol descomunal, en la última jugada. Tiré al muñeco y le pegué a Urruti. El momento de mayor nerviosismo fue por la mañana en Mareo, cuando Boskov me dijo que iba a jugar. Cuando sales a calentar, ya pasa todo".

Aquel 0-4

"De mi primera época lo más sonado fue el 0-4 al Barcelona. Fue la temporada del play-off y el equipo necesitaba meterse arriba. Si no quedabas entre los seis primeros parecía una temporada nefasta. Aparte de la satisfacción y de un resultado histórico, aquella victoria nos metió arriba".

"Unos meses antes de ese partido viví uno de los momentos más duros, en el Mundial de México. En los dos primeros partidos, contra Brasil e Irlanda del Norte, Ablanedo y yo no fuimos ni convocados. Pero sí en el tercero, contra Argelia, en la que nos la jugábamos. Tuve que sustituir al Buitre, lesionado. Le di una asistencia a Calderé y marqué el tercer gol".

"En el partido de octavos, contra Dinamarca, nadie daba un duro por nosotros. Entré por Julio Salinas y salió todo perfecto. En cuartos, contra Bélgica, merecimos ganar, pero fuimos a los penaltis. Miera me preguntó y le dije que sin problemas. Habíamos estado tirando penaltis durante la concentración y tenía confianza porque los metía todos. Le pegué mal y salió muy centrado. Después de fallarlo mantuve la esperanza porque a ellos les quedaban cuatro por lanzar. Pero no fallaron. Nunca pensé que me tenía que haber tapado. Lo hubiese tirado otra vez porque anímicamente estaba de maravilla con todo lo que había pasado en el Mundial".

"Aquella noche fue dura, pero tuve un apoyo total de los compañeros, del cuerpo técnico y de los periodistas que estaban allí. Estábamos convencidos de que podíamos llegar a la final, Argentina nos tenía miedo porque teníamos un equipo muy sólido, muy unido".

"Mi última temporada en el Sporting fue difícil porque había muchos rumores sobre mi traspaso. El Barça estaba haciendo una temporada muy mala y tanteó a muchos jugadores españoles. Creo que incluso hubo un acuerdo entre el Sporting y el Barça. Mi temporada no fue buena, sólo marqué tres goles y quedamos en mitad de la tabla. El último partido fue contra la Real Sociedad aquí, hubo silbidos y al descanso me quitó Novoa. Iba para la Eurocopa y lo del Barcelona se empezaba a caer porque ficharon a Bakero, Beguiristain y Salinas".

"Lo del Valencia surge durante el verano. Llegan a un acuerdo con el Sporting, por 95 millones y un partido aquí. El Valencia venía de ascender de Segunda y quedó por detrás de nosotros. Me dijeron que se iban a reforzar, con Espárrago de entrenador. Fichamos cinco: Ochotorena, Camarasa, Zurdi, Lucho Flores y yo".

"Las dos primeras temporadas fueron espectaculares. En la tercera no nos clasificamos para la UEFAporque nos ganó el Sporting 0-1 en Mestalla en el último partido. En la 92-93 viví otro momento duro de mi carrera, cuando perdimos 7-0 en Karlsruhe. Pero en general fueron unos años buenísimos. En Valencia a los asturianos nos quieren mucho".

"Me marché pronto, con 30 años, pero ya estaba mentalizado. Al principio no jugué por una lesión de hombro y después Parreira no contó conmigo. Lo del Sporting surge aquel verano, después de la promoción frente al Lleida. No tuve ninguna duda, hubiese jugado en Segunda".

Con Maceda a Badajoz

"La primera temporada fue complicada, pero nos salvamos en la penúltima jornada. En la siguiente, con Benito Floro, jugaba poco. Cuando fuimos al campo del Extremadura coincidí con Maceda, que entrenaba al Badajoz y estaba en los puestos de arriba de Segunda. Le dije un poco en broma que me llevase con él y no le cayó en saco roto. Al principio se me hizo un poco extraño. Era un club modesto, entrenábamos cada día en un campo diferente. Una ciudad pequeña y un campo pequeño, pero mucho compañerismo".

"Al acabar la segunda temporada en el Badajoz no me surge nada interesante y decido dejarlo. Había sacado el título de entrenador en Valencia y gracias a Novoa, que estaba de coordinador de Mareo, me surge la posibilidad de entrenar al cadete. Después, Alfredo García Amado me pidió que me hiciera cargo de la escuela, con Rosendo Cabezas de director deportivo. Al año siguiente lo echaron y lo sustituí".

"Mi apuesta por Marcelino la tenía clara. Cuando estaba en el Lealtad, lo llamé para que me ayudase. Al echar a Cantatore y subir a Acebal al primer equipo, le ofrecí el filial. Lo cogió en diciembre, bastante abajo, y lo clasificó para el play-off. La temporada siguiente fue mala, pero había pasado mucha gente del juvenil. Era una hornada que tenía que darnos mucho y subieron varios al primer equipo, entre ellos Villa, Pablo Álvarez, Juan y Samuel. El filial quedó algo debilitado y bajó en la última jornada".

"Pese a todo, yo estaba convencido de apostar por Marce por el trabajo y la dedicación. Se hablaba de David Vidal y D´Alessandro, pero con lo que venía de Mareo tenía que ser alguien de la casa, que lo hubiese mamado".

"Ya a principios de temporada, Marce estaba convencido de que íbamos a estar arriba y en diciembre dijo que íbamos a subir. Se arrepintió de no haberse reforzado en enero, pero como íbamos líderes y el equipo estaba bien prefirió no tocar nada".

"Cuando me ofrecieron entrenar a las selecciones asturianas me gustó porque era recordar la época de secretario técnico. Tenía que ver partidos y futbolistas, analizar. En el cadete y el juvenil del Sporting estaba encantado. Soy un entrenador frustrado por las circunstancias. Pasas al despacho y te desconectas. El barco me llevó por otro lado".

"Ahora estoy en una faceta diferente, como comentarista de los partidos del Sporting en la RPA. Disfruto y sufro mucho, no soy objetivo, la pasión me lleva".

"Así como en diciembre era pesimista con el Sporting, ahora lo veo mejor porque el equipo dio un cambio. La actitud de los futbolistas ha cambiado, me da otras sensaciones. El cambio en casa es brutal, un equipo mucho más dinámico, rápido, con más llegada y finalización. Tenemos el debe fuera de casa porque sin ganar fuera no te enganchas".

"Dedico mi tiempo a mi empresa de promoción de viviendas. Estuve abierto a entrenar, o a trabajar como secretario técnico, pero nunca me llegó una oferta".

"Al margen del Sporting veo partidos de Primera y de Segunda. Al Valencia, por supuesto, y mucho al Alavés desde que está el Pitu. No soy fanático de un equipo o de un futbolista. Me interesa cómo evoluciona el fútbol, lo rápido que se juega ahora, con mucha intensidad".

"Mi hijo, Nico, jugó de defensa en La Asunción y el Arenal. Ahora está en el Racing de La Guía, de Segunda Regional. No le afectó ser hijo mío ni para bien ni para mal".

 

 

Foto Angel