Su huella en los barrios obreros de la ciudad es imborrable. En la década de 1980, el párroco de San Esteban del Mar, P. Santiago de la Fuente, SJ, impulsó en un bajo de la calle Ceriñola una comunidad cristiana de base. Esta iniciativa daría pie a la actual parroquia de Santa Olaya en La Calzada, que en aquella época estaba vinculada a los jesuitas del Natahoyo. También destacó en aquella época la colaboración de la hermana Covadonga Donate (Siervas de los Pobres), cofundadora en 1988 del Albergue Covadonga junto al P. Francisco Herrero, SJ, y el seglar Tomás Marcos.
El repliegue continuó en 1998 al dejar la gestión parroquial de «la Iglesiona», cuya residencia cerró en 2008. Más tarde, se clausuraron la parroquia (2017) y la residencia (2019) del Colegio de la Inmaculada. En agosto de 2024 finalizó su presencia comunitaria en El Natahoyo, aunque el P. Manuel Rodríguez Carrera, SJ, siguió atendiendo la parroquia de San Esteban del Mar viajando desde Oviedo, y hasta hoy en día.
El pasado 4 de julio, el arzobispo clausuró oficialmente la parroquia de San Esteban del Mar para integrarla en una Unidad Pastoral con Santa Olaya. Pocos días después, supimos que los jesuitas también dejan Tremañes tras 45 años de labor en San Juan Bautista, donde Jesús Ángel Fernández, SJ -que fue cura obrero electricista-, ha sido el último encargado.
Gijón llegó a contar con una comunidad de 100 jesuitas. Hoy ya solo queda el P. Roberto Otero André, SJ, quien desplazándose desde Oviedo se encarga pastoralmente de la Fundación Hogar de San José, quedando bajo amparo de los jesuitas pero en manos laicas la Fundación Revillagigedo de Formación Profesional.
Por su inmensa labor social, educativa y espiritual en nuestra ciudad, creo firmemente que Gijón debería despedirse de ellos con el homenaje y el reconocimiento que se merecen.







