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«La 62 será mi última Fidma. A final de 2018 me jubilo y me voy a hacer el Camino de Santiago»
Esta Noticia fue editada el: 05-08-2017

Entrevista a Álvaro Muñiz (p.1970) en la prensa

(El Comercio)

«Me veo más dando biberones que posando desnudo»

CHELO TUYA - En julio de 1975 le ofrecieron trabajar en las dos semanas previas a la Fidma. La oferta se prolongó otros quince días... Hasta un reenganche definitivo en mayo de 1976. Desde aquel momento, Fidma y Álvaro Muñiz (Gijon, 1953) son un tándem que nadie imagina separado. Sin embargo, el director de la principal feria del país lo deja claro: a finales del año que viene se jubila. Antes de que empiece el Camino de Santiago, toca hacer balance. En esta primera entrevista a Álvaro Muñiz sobre la Fidma en la que no se habla de ella, sino de desnudos, biberones y de Elías.

-«La Feria nunca es lo mismo», dice usted. Y ni le entra la risa ni nada.

-Es que es verdad. Puede pensar que alguien que lleva aquí 40 años, que está en el final de su vida...

«La 62 será mi última Fidma. A final de 2018 me jubilo y me voy a hacer el Camino de Santiago»

-De su vida, de su vida...

-Hombre, de la laboral, sí... Yo me jubilo el año que viene.

-¿No va a estar usted en la 62?

-El 24 de noviembre de 2018 cumplo 65 años. Es decir, al finalizar ese año, el aquí presente cesa sus responsabilidades laborales.

-¿Álvaro Muñiz tiene vida sin la Feria?

-Mucha.

-Y, al revés, ¿vive una Feria sin Álvaro Muñiz?

-Sí, si no muy mal lo habría hecho. Cuando cumplí los 60 me dirigí a mi presidente y le dije: «En cinco años me jubilo». Quemé mis naves.

-¿Unas naves que amarró cuándo?

-A los 21. En 1975.

-¿Quién le engañó?

-Nadie, la historia es muy bonita.

-Cuente...

-Yo había empezado Ingeniería de Minas, por tradición familiar, ya que mi padre era el director general de la Compañía de Carbones. Pero hice tres años primero y vi que no era capaz. Estaba en un colegio mayor en Oviedo y no quería gastar más.

-¿Siendo de Gijón?

-Lo cuentas ahora y no te creen, pero ir a Oviedo era una excursión. Me vine a casa, cambié a Empresariales, en la Escuela de Comercio, y vi que me gustaba. Cuando aprobé segundo ya daba clases particulares, porque tenía sentido de responsabilidad. Eso de ir a papá a poner la mano para pedir dinero no iba conmigo. Así que dije lo que, 40 años después, siguen diciendo los jóvenes: "Quiero trabajar en la Feria".

-¿Y qué dijo su padre?

- Mi padre era presidente de la Asociación de Consignataria de Buques y el secretario era Pedro García Rendueles, a su vez director de la Feria. Me llevó a hablar con él y Pedro me espetó: «Como tú solo quieres ganar tres duros para ir de viaje y yo tengo muchos compromisos, vienes quince días antes de la Feria. Luego te vas y dejas tu puesto a otro».

«El delfín no me corresponde»

-¿Y usted?

-Obedecer. La noche antes de inaugurar la Feria de 1975, cuando me fui a despedir, Pedro me dijo «Venga, sigue toda la Feria». Y lo mismo el día que acabó. «Venga, queda al desmontaje». En octubre volví a Empresariales, pero después de Semana Santa mi padre, que era muy solemne, me dijo: «Mañana, me vas a ver al despacho». Yo solo pensé qué pecao habría cometido.

-¿Y qué había hecho?

-(Risas) Nada. Me dijo que en la Cámara me ofrecían un contrato de diez horas semanales, con la condición de seguir estudiando. y hasta hoy.

-¿Seguro que el año que viene, cuando le haga esta entrevista, no me va a decir que sigue?

-Seguro.

-¿Y Félix Baragaño, el presiente de la Cámara, lo tiene tan seguro?

-Lo sabe desde que cumplí 60.

-¿Y el delfín?

-No me corresponde.

-¿Qué hará tras salir por la puerta?

-El Camino de Santiago. Solo. Mi mujer no aguanta ese ritmo y mis amigos tienen otros planes. La jubilación es ese estado ideal en el que mis decisiones no interfieren con la economía de mi familia. Necesito estar conmigo mismo. Tener vacaciones por primera vez.

-¿No es una leyenda urbana que no tiene vacaciones?

-No. Si voy a un congreso a Etiopía, a lo mejor me quedo dos días más, pero vacaciones, no.

-No estamos en "Sálvame", pero ¿hay matrimonio que aguante eso?

-Sí, porque ya estamos acostumbrados (Risas). Mis hijos tienen 29 y 26. Cuando mi mujer estaba embarazada del segundo, harta de que yo no llegar a comer, a cenar... Se fue a pasar el verano a su casa de León. Descubrió que nuestro hijo era feliz, que hacía pandilla... Yo iba los viernes y me volvía el domingo por la noche, después de acostar a los críos.

-¿El trabajo antes que nada?

-Nooo. Yo no soy un exagerado. A los niños los llevo al colegio yo. Al médico los llevo yo. Les he dado biberones por la noche...

-No da el perfil.

-Aprendimos los dos la fórmula para ser felices. Entendió mi filosofía de que el director tiene que estar, pero yo di biberones, cambié pañales, al colegio los llevé yo, al médico...

-¿Sus hijos no pasaron por aquí?

-Mi hijo mayor está aquí, pero es excepcional. Y me explico. Un día mi hermana vino y me dijo "Tu sobrino quiere trabajar en la Feria". Yo le dije "Vamos a reunir a tus hijos y a los míos". Senté a los cuatro y les dije: «Tenéis un problema. Vuestro padre y vuestro tío es el director general de la Feria y en la puta vida vais a trabajar en ella».

-¿Y todavía le hablan?

-(Risas) Se lo expliqué: «Esto no es un capricho. Vosotros vais a ir allí sabiendo que vuestro padre y tío es el jefe. Y los demás van a pensar que sois unos privilegiados. Como eso no es bueno para vuestra educación, no se hará»... Hasta que llegó Elías García (el recientemente fallecido director de relaciones institucionales) y me pidió que mi hijo mayor le ayudara. Que lo necesitaba.

-¿Cuántas veces se ha enfadado por lo de Elías?

-Muchas. Elías era un profesional muy comprometido y, sobre todo, una gran persona.

-Acabamos y no hemos hablado de la Feria. Es la primera vez.

-(Risas) Es que va a ir muy bien.

-Para su despedida, ¿se atreve como un posado tipo Rodrigo Cuevas?

-(Risas) Noooo. Me veo más dando biberones que posando desnudo. No me desvisto ni para afeitarme.

 

 

 

Foto Angel