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Esta Noticia fue editada el: 03-12-2017

La prensa recoge la despedida a Pachi Cuesta en San Martín de Torres

(El Comercio)

La huella del padre Cuesta

Unos 80 exalumnos viajan a San Martín de Torres, en León, para darle el último adiós en su pueblo natal

E. C. GIJÓN. - La huella indeleble que el padre Ángel Cuesta, "Pachi", dejó entre sus alumnos del Colegio de la Inmaculada quedó ayer patente en la cariñosa despedida que recibieron sus cenizas en San Martín de Torres (León), pueblo natal del cura. Una semana después del funeral en el templo colegial, cerca de ocho decenas de exalumnos desafiaron a la nieve y cruzaron la cordillera para estar también presentes cuando los restos mortales del carismático cura-profesor-entrenador fueron depositados junto a los de sus padres y dos hermanos ya fallecidos.

Fue una fiesta de cariño, admiración y agradecimiento que tuvo puntos de añoranza en la interpretación de las canciones que otrora acompañaban los campamentos dirigidos por Ángel Cuesta.

Como hace años, viajaron juntos, rezaron juntos, cantaron juntos y comieron juntos, todo en memoria del desaparecido referente y, sin duda alguna, como a él le hubiera gustado que ocurriera. La única diferencia es que en esta ocasión la reunión fue en torno a los familiares del cura, que recibieron inequívoco testimonio del pesar que provocó en Gijón el fallecimiento de Ángel Cuesta.

Junto a los ya no tan jóvenes alumnos, Tomás Nistal, inseparable colaborador del "Padre Pachi", y José Manuel Peco, actual responsable del templo colegial, recibieron también el afecto de los participantes en los actos para conmemorar el retorno de Ángel Cuesta a su tierra. Una frase lo resumía: «Bienvenido a casa».

(LaNuevaCrónica.com)

San Martín de Torres llora al jesuita Ángel Cuesta, un referente en Gijón

 Miembro de la Compañía de Jesús, su labor docente fue compatibilizada con el entrenamiento de equipos de baloncesto en Asturias

Pedro J. Abajo | La iglesia parroquial de San Martín de Torres se quedó pequeña este sábado para acoger a todos los familiares, vecinos, amigos, compañeros jesuitas y profesores, alumnos y colaboradores llegados desde Gijón con los que el padre Ángel Cuesta Ramos –conocido como Pachi en ambientes asturianos– compartió algún momento de su intensa vida dedicada a tareas pastorales, pero también docentes o deportivas hasta convertirse en un referente social de 76 años por el que varias generaciones han llorado su muerte.

El sacerdote nació el 22 de enero de 1941 en San Martín de Torres, localidad a donde regresaba cada verano o en Semana Santa y estudió en el Colegio San José de Valladolid, pero enraizó en el colegio gijonés de la Inmaculada Concepción desde su llegada al centro católico en 1964. En Gijón dio clases de gramática, latín y griego, pero si llegó a ser una institución fue por su capacidad para atraer a los jóvenes hacia valores humanos universales a través de herramientas tan sencillas como el deporte o la convivencia.

Gracias al padre Pachi, como cariñosamente se le conocía al jesuita, se fundó el Gijón Baloncesto, el equipo colegial infantil que entrenaba se proclamó campeón de España y los campamentos de verano en Santibáñez del Porma por los que pasaron cientos de jóvenes fueron obra del sacerdote de San Martín de Torres, cuya rehabilitación de la iglesia parroquial también fue un empeño personal del cura de la Compañía de Jesús, tal y como destacó en el funeral el José Ángel Cuesta, que presidió la ceremonia.

En el funeral oficiado en San Martín de Torres, antes de depositar las cenizas del jesuita en el panteón familiar, dos sobrinas del padre Ángel destacaron de su tío el hecho de inculcarles desde pequeños el «ser siempre personas buenas» o el «ayudar a los demás es ofrecerles el mismo camino hacia la libertad interior», tal y como apuntó San Ignacio de Loyola. De hecho, no fue esta la única referencia hacia el ‘espíritu ignaciano’ que el sacerdote tan querido en su tierra asturiana de adopción «profesaba a diario».

"Jesuita y entrenador"

Autor del libro "Pachi Cuesta, jesuita y entrenador", publicado en 2014, la obra de este sacerdote ha sido un referente para varias generaciones de alumnos del Colegio de la Inmaculada Concepción de Gijón que el pasado 24 de noviembre falleció con la satisfacción de haber conseguido ofrecer a decenas de jóvenes «una formación integral desde el Evangelio» y de haber visto la vida «desde sus inseparables gafas para ver a las personas desde el corazón».

 

Foto Angel